Nada te turbe; nada te espante; todo
se pasa; Dios no se muda,la
paciencia todo lo alcanza. Quien a
Dios tiene, nada le falta. Solo Dios
basta. Santa Teresa de Jesús

  Inicio Quienes Somos Noticias Espiritualidad Comunidades Nuestros Santos V Centenario Familia Carmelitana
Facebook Youtube  
NOTICIAS
Carta de P. Saverio Canistrà con motivo de Canonización de Luis y Celia Martin
Carta con motivo de Canonización padres de Santa Teresita
Compartir:

http://file:///C:/Users/CARMELITA/Downloads/carta-del-p-saverio-con-motivo-de-la-canonizacic3b3n-de-los-martin-es.pdf

CARTA A LA ORDEN
CON MOTIVO DE LA CANONIZACIÓN DE LUIS Y CELIA
MARTIN
ROMA, 18 OCTUBRE 2015
DÍA MUNDIAL DE LAS MISIONES
Queridos hermanos y hermanas en el Carmelo:
El próximo domingo 18 de octubre, en la Plaza de San Pedro, el Papa
Francisco inscribirá solemnemente los cónyuges Luis Martin y Celia Guérin, padres de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, en el canon de los santos, que la Iglesia propone como ejemplos de vida cristiana a los fieles de todo el mundo, para que se conviertan en fuente de inspiración y compañeros de camino de los cuales podamos recibir impulso, luz y consuelo.
Es un motivo de gran gozo y de agradecimiento al Señor para todos
nosotros, que hemos apenas concluido la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Ávila, madre de nuestra familia religiosa, en la que la Iglesia reconoce un lugar particularmente lleno de testigos creíbles de la belleza y del amor de Dios.
Esta canonización es un signo más que el Señor nos concede para
consolidar nuestra fe y darnos ánimos en nuestro camino de carmelitas, llamados a experimentar la «ternura combativa» del Esposo (cf Evangelii gaudium 85), que con su amor quiere encender la esperanza en el corazón de todos los hombres.
Vivimos un período histórico marcado por una profunda transformación, que afecta a todos los ámbitos de la vida humana – costumbres, cultura, religión, sociedad, economía– a un nivel global, desencadenando tensiones y miedos.
Nacen sentimientos de inseguridad y de desconfianza recíproca, se crean situaciones de injusticia e inestabilidad, que ponen a dura prueba la convivencia pacífica y la confianza entre las personas, esencial para un camino común y fecundo.
La visión bíblica del hombre, en la duplicidad de su ser varón y mujer, y la comprensión de su significado de cara a la vida ya no son un patrimonio común sino, al contrario, se ponen en tela de juicio. En el centro de esta batalla por la vida está la familia natural, fundada sobre el simple reconocimiento de la diferencia providencial entre hombre y mujer que permite, dentro de una relación de alianza basada en el amor recíproco, generar, cuidar, acrecentar la vida humana, no solo para sí mismo sino para todo ser humano.
La canonización de los cónyuges Martin es un signo de los tiempos que nos tiene que interpelar profundamente porque tiene un valor epocal. La Iglesia, de hecho, guiada por el Espíritu, ha decidido –por primera vez en su historia–
canonizar juntos una pareja de esposos, durante la celebración de la XIV
Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tiene por tema la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo, en el domingo dedicado a la Jornada mundial de las misiones.
¿Una familia ejemplar?
Ha pasado un siglo y medio desde que Luis y Celia, en la media noche del 12 de julio del 1858, se casaron en Alençon, y han cambiado radicalmente muchas cosas, tanto en la Iglesia como en la cultura europea. ¿En qué sentido su matrimonio y la historia de su familia pueden ser ejemplares para nuestros días cuando el modelo mismo de familia y la praxis prevalente están tan lejos de lo que ellos creían y vivían?
Antes de nada, es preciso liberarse de prejuicios y de clichés culturales que catalogan inmediatamente como anticuado y trasnochado todo lo que pertenece al universo del siglo XIX. Si observamos de cerca la vida de la familia Martin, vemos a un hombre y a una mujer que vivieron una historia común, marcada por acontecimientos con los que todavía hoy nos podemos identificar, porque son sencillamente humanos: no son jovencísimos según el standard de la época (cuando se conocieron –pocos meses después se casaron–ella tenía 27 años y él 35), se unen en matrimonio y ponen en común sus vidas, aprendiendo día tras día a compartir las capacidades, las responsabilidades, las cargas, las alegrías y las penas. Luis tenía una relojería, Celia había iniciado por su cuenta una empresa de producción del famoso bordado de Alençon. Sus trabajos respectivos garantizaban un cierto nivel de vida, que sin embargo lo vivían sin ostentación ni aprensión, a pesar de que en un determinado momento, las condiciones socioeconómicas se encrudecieron a consecuencia de la guerra entre Francia y Prusia (1870-871). Trabajar los dos, concebir nueve hijos, cuidarlos, afrontar el luto
por la muerte de cuatro de ellos en una tempranísima edad, no fue ciertamente fácil, sobre todo para Celia, mujer emprendedora, que tenía la responsabilidad de dar trabajo, y por lo tanto sustento, a sus empleadas y a sus familias. Luis estuvo siempre a su lado llevando las cargas con su mujer, con serenidad y delicadeza, apoyándola con su presencia y optando, en un determinado momento, por dejar su trabajo para atender las exigencias de su mujer, que veía cada vez más cansada, y ayudarla a sacar adelante su empresa, sobre todo cuando irrumpió la enfermedad que le afectó de joven, llevándola a la muerte en el 1877, cuando solo contaba 46 años.
Luis se encontró de este modo viviendo su condición de viudo hasta la
muerte, que tuvo lugar 17 años después, después de una humillante enfermedad que afectó a sus facultades mentales. Se ocupó de las cinco hijas y de su educación, entregándose enteramente y decidiendo trasladarse de Alençon a Lisieux, desarraigándose con tal de dar a sus hijas la posibilidad de ser seguidas por su tía Celina, con quien existía una relación de estima y cariño. Las cinco entraron en el monasterio. Acompañarlas en este proceso –sobre todo la pequeña Teresa, la predilecta– no fue para él un pequeño sacrificio, aunque lo viviera como una generosa ofrenda de su vida y de sus hijos a Dios, tal y como siempre hizo junto con Celia. Por otra parte, eligió para su familia el slogan de Juana de Arco: Servir a Dios en primer lugar.
El matrimonio: vocación y amistad El breve elenco de algunos rasgos concretos de la experiencia familiar de Luis y Celia nos permite captar fácilmente las analogías con la experiencia de tantas familias que hoy deben afrontar dificultades económicas, conciliar el ritmo frenético del trabajo con la educación de los hijos, dar un sentido a los sufrimientos que inevitablemente llaman a la puerta, poniendo en peligro la armonía familiar. Pero el motivo por el cual la Iglesia considera ejemplar su testimonio de vida conyugal es mucho más profundo y tiene que ver con la verdad del amor humano dentro del proyecto divino de la creación.
Si vamos a la raíz de su esperiencia, encontramos enseguida dos elementos que nos hacen actuales para ilustrar como puede «funcionar» una relación de amor y poder decir así una palabra a las parejas, sobre todo jóvenes, que están desanimadas ante el ejemplo de tantos naufragios y, aun conservando en el corazón el deseo, no creen que sea posible la fidelidad, resignándose de esta forma a una forma mediocre de vida.
El primer elemento es vivir el encuentro con el otro y el matrimonio como
vocación. A esto Luis y Celia fueron preparados por su propia historia personal, dado que los dos habían pensado vivir su vida cristiana consagrándose a Dios.
No es este elemento, obviamente, el ejemplar, sino la sensibilidad y actitud para percibir y concebir la propia existencia como un diálogo con el propio Creador, que tiene un proyecto y va dejando señales por el camino que indican, para una mirada atenta, cual es el camino para saciar la sed de proprio corazón. Solamente percibiéndose como un don que viene de Dios y aprendiendo a mirar al otro como rostro del amor del Padre, es cuando es posible construir la propia casa con un fundamento estable. Esto resultó claro para Celia cuando, al ver acercarse a su futuro marido mientras recorrían en sentido opuesto el puente de San Leonardo de Alençon, sintió resonar en sí una voz que le decía: «Questo es el hombre que he preparado para ti».
El segundo elemento es la consecuencia directa de esta mirada y apertura de corazón: vivir la relación con su propia mujer /con su proprio marido en clave de amistad. La estima y el respeto que brotan de la espontaneidad de reconocerse gratuitamente como aliados y del gusto de ser una ayuda el uno para el otro, aportan la paciencia, la humildad, la tenacidad, la ternura, la confianza y la curiosidad necesarias para que la relación no degenere en la búsqueda de sí mismo en el otro, en el intento de ejercer un poder, en el desgaste de lo repetitivo. En expresiones como éstas: «Te sigo en espíritu durante todo el día; me digo: “En este momento hace tal cosa”. No veo el momento de estar a tu lado, mi querido Luis; te amo con todo mi corazón y siento que se duplica mi cariño al verme privada de tu presencia; me resultaría imposible vivir lejos de ti» (Cartas familiares
108); «Siempre soy feliz con él, me hace la vida muy pacífica. Mi marido es un hombre santo, todas las mujeres deberían tener uno igual: este es mi deseo para ellas en este nuevo año» (Cartas familiares 1); o bien, «tu marido es un verdadero amigo, que te ama más que la vida», no es nada dulzarrón, es la expresión de la solidez de un cariño sincero.Las diferentes sensibilidades, los muchos detalles de la vida conyugal, que a
veces producen paulatinamente una distancia y enfrían la intimidad, fueron vividos por Luis y Celia como ocasiones para aportar una mirada cargada de simpatía y de tierna aceptación de la propia diversidad, como aparece en este texto: «Cuando recibas esta carta, estaré ocupada poniendo orden en tu mesa de trabajo; no te alteres, no perderé nada, ni una vieja escuadra, ni un trozo de muelle, vamos nada, y así estará todo limpio por encima y por abajo! No podrás decir que “he cambiado solamente el lugar del polvo”, porque no quedará nada (…). Te abrazo de todo corazón; hoy, pensando que pronto te veré, soy tan feliz
que no puedo trabajar. Tu mujer, que te ama más que su vida » (Cartas familiares 46).


 
Más Noticias

* III Encuentro CICLA Bolivariana 2014 Colombia Ecuador Perú

* El P. Denis Chardonnens, nuevo Presidente del Teresianum

* Convocatoria del P. General para la Oración por la Paz

*

* Nada te turbe Carmelitas Descalzas Arequipa

* Al encuentro de la ternura de Dios

* Asamblea del Comisariato

ver más

   

 

Orden Carmelitas Descalzos del Perú Comisariato San Martín de Porres - Teléfono: (511) 423-1439 - E-mail: cecadeteresita@gmail.com